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Pienso en mí, luego soy egoísta…

Pienso en mí, luego soy egoísta…

Frecuentemente me encuentro siendo testigo de la gran culpa que muchas personas sienten por atender a sus propias necesidades y deseos.  Una culpa que incluso suele ser bastante acentuada en los roles que ejercemos como padres, hijos y/o compañeros de vida.

Una culpa que nace de muchos mensajes recibidos desde edades tempranas en donde el manifestar nuestro deseo era algo ignorado y en ocasiones castigado, mientras que la complacencia y encajar en expectativas socio-culturales, era constantemente reforzado y hasta premiado.

Es común recordar experiencias tempranas en las cuales desarrollamos la idea de que para ganar el amor del otro o para ser reconocido y aceptado, debíamos actuar acorde con las expectativas ajenas.

Poco a poco, experiencia tras experiencia, nos desconectamos de lo que el corazón (o a veces hasta la misma razón) nos dicen y nos volvimos expertos en leer el deseo ajeno, artistas de la complacencia, ajenos a la palabra “no” y cada vez mas esclavos de hacer lo que nos piden, demandan o esperan de nosotros con tal de no arriesgar la posibilidad de ser amados y de ser “buenos” en cualquiera que sea el rol a desempeñar.

Con esa misma intensidad y habilidad con las que logramos sintonizarnos con el deseo del otro, nos desconectamos de nosotros mismos.  Sin darnos cuenta asumimos responsabilidades ajenas o utópicas, como el creernos con el poder de hacer felices a otros, o de poder controlar lo que les sucede.

Sutilmente tras el velo de nuestras buenas intenciones se desarrolla la creencia de que el entregar nuestra vida a la existencia de otra persona es la única manera de considerarnos buenas personas.

Hagamos una pausa y examinemos la veracidad de nuestras creencias, de lo heredado y lo construido.  Sin duda tenemos un grado de responsabilidad con el otro, algo obvio en los roles familiares, pero lo que si es claro es que no tenemos completo control sobre como evolucione la vida de quienes nos rodean.

No porque yo pase el 99% de mis horas despierta, pensando y actuando como se espera, quiere decir que voy a recibir el amor y reconocimiento de esa persona.  Es mas, considera lo lesivo que puede ser el no dejar espacio para que las otras personas se encarguen de ellas mismas.

En el caso de los hijos, el no darles espacios para que se hagan responsables de sus acciones y estar listos a ir al rescate al menor desliz, limita las oportunidades de vida para que esa persona en desarrollo aprenda a afrontar la vida por si mismo.

Detrás de ese afán de que todo este bien, de que no se equivoquen, de que no sufran, esta la ilusión del perfeccionismo, una presión innecesaria para cualquier ser humano.  Detrás de impulso por rescatar a nuestros seres queridos, se comunica una intolerancia a lidiar con las emociones difíciles.  Detrás de nuestra insistencia en vivir en función del otro, hay una tendencia a querer controlar a las demás personas para sentirme bien conmigo misma y/o una resistencia a encargarme de mi propio bienestar emocional y mas bien hacer que dependa de las reacciones o respuestas que los demás nos den.

Pensar en ti significa asumir responsabilidad por la propia vida.

Pensar en ti significa liberar al otro de una responsabilidad que no le corresponde (encargarse de tu bienestar).

Pensar en ti significa que estas nutriendo tu ser interior, lo que te permitirá estar mas disponible para apoyar a los otros.

Pensar en ti significa que puedes decir “no” y honrar tu verdad ,tu mas genuinos deseos y necesidades sin dejarte atrapar por una culpa sin fundamento.

Pensar en ti significa que estas enseñando con tu propio ejemplo, a quienes te rodean a ejercer su derecho a la individualidad, a ponerse como una prioridad, a quererse lo suficientemente a si mismos y a confiar en que pueden desplegar sus alas y volar tan alto como lo imaginen.

Solo por unos momentos considera este texto, míralo con honestidad y curiosidad… y empieza poco a poco a darte el espacio que es tuyo, empieza a ser tú tu prioridad, libérate de las cadenas de la culpa, el miedo, “el que dirán” y vive la vida en tus propios términos.

Diana Castaño
diana@thepowerinsideyou.com